De la escuela que elijas
va a depender cómo llegues a bailar y en cuánto tiempo.
Y es que hay que buscar bien y no precipitarse si
no
quieres perder el tiempo, el dinero o, lo que es peor,
la ilusión.
En primer lugar, hay que tener muy claro lo que existe
en el mercado. Algunas academias que sólo buscan ganar
dinero o son para artistas profesionales alargan innecesariamente
el tiempo del aprendizaje de algunos palos, o cobran
independientemente por cada uno de ellos, o te prometen
un título “universitario”... Con escuelas menos profesionales,
ocurre lo contrario; te enseñan a bailar todos los palos
en muy poco tiempo, excesivamente poco. ¡Cuidado, si
no quieres parecer un espantajo! Pueden ser coreografías
simplonas que nada o muy poco tienen que ver con el
flamenco y es más difícil corregir una mala técnica
viciada que empezar de cero.
Lo ideal es buscar un término medio. Una escuela profesional
que no vaya a “desplumarte”. ¿Cómo detectarla? En el
primer curso debe impartir, al menos, técnica de brazos,
de pies y de vueltas, y las sevillanas completas. Si
te ofrecen menos de eso, te estarán timando. Si te ofrecen
algo más, puede valer, pero si te ofrecen muchísimo
más, huye de ahí, son unos aficionados.
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