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Tal vez sea la palabra "rito" la que pueda definir con más exactitud lo vivido durante la grabación de este disco. Porque más allá de una mera reunión de cante se trató, acaso, de la búsqueda arrebatada de la memoria colectiva de un pueblo cantaor. El que propuso al gemido como su más alto valor expresivo, como la respuesta agrietada ante la vida, y por qué no ante la muerte. Y dentro de ese mensaje ancestral, a través del cante flamenco, surge la voz transida de la Mujer, simbolizando todo el mundo interior de quiénes han sido elegidas para dar la vida con dolor. Eterna paradoja que dota de un matiz especial a la mujer cantaora.
De nuevo, siguiendo los grandes hitos de las grabaciones jerezanas de mayor intensidad, todo se dispuso todo para crear un ambiente natural, para que las oficiantes del rito tuvieran la libertad de rebuscar sonidos en la masa de su sangre con autenticidad y sin los rigores del artificio ni del tiempo. Tal cual. Con todas sus virtudes y todos los defectos. Como es el cante,
Y el resultado, la plasmación del otro cantaor de tres mujeres cuyos ecos tal vez estén en claras vías de extinción. La quejumbrosa voz de Juana la del Pipa que lleva la tierra y el humo en su decir; el metal áspero, como hierro fundido por el fuego de Dolores Agujetas; la cepa ardiendo de una viña regada por el agua de Tomasa La Macanita y el aire enduendado de la guitarra de Moraito, junto a la de Dieguito Agujetas, con el compás más verídico de El Bo y Chicharito. Cuatro elementos. Los Cuatro Elementos en unos cantes que queman y salvan al mismo tiempo. Si una vez escuchado el disco tienen la sensación de haber vivido la intensidad de sus momentos, de este ritual cantaor, habremos conseguido nuestros propósitos y, de camino, saldar la deuda perenne con parte de la historia de unas mujeres que cantan como si en ello se les fuera la misma vida a cada tercio.
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