Para empezar a bailar flamenco hay que estar convencido de ello y ser paciente; no es algo que pueda aprenderse en dos días y, si alguien te dice eso, te está “vendiendo la moto”.
De hecho, el flamenco es una danza en la que a la dificultad de aprender los pasos y movimientos, se añaden los códigos de entendimiento con el guitarrista y el cantaor, las características específicas de cada palo, el sentimiento y el arte que hay que ponerle...
Pero no por esto hay que tenerle miedo. Todo lo contrario. Su mayor virtud es que es un baile cuyo encanto está en la personalidad y el arte de quien lo interprete y otras cualidades, como la juventud, la resistencia o flexibilidad que se exigen en otras danzas, no son imprescindibles. Con unas mínimas facultades, estudio, constancia y mucho corazón, casi todo el mundo puede llegar a aprenderlo y disfrutarlo.
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