 Los brazos en el flamenco
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Brazos
Si algo caracteriza al flamenco y, sobre todo, al baile de la mujer, es el movimiento de brazos. Requiere técnica, mucha práctica y arte. Los brazos deben mantenerse altos, sobre la cabeza, y redondeados, que no se noten los codos. Al principio te cansarás y quizás tengas agujetas, pero con el tiempo lograrás mantenerlos arriba y controlarlos sin flojear en ningún momento.
Al mismo tiempo que se mueven los brazos hay que girar las manos hacia dentro y hacia fuera. Este movimiento deberá ir con la música y evitar que las manos parezcan dos molinillos descontrolados. No es fácil, pero una vez conseguido, nuestros brazos habrán ganado carácter, personalidad y arte.
Una vez dominado el movimiento de brazos habrá que coordinarlo con los pies. Al principio cuesta un poco, pero después sale solo.
Pies
El zapateado también es una parte imprescindible del flamenco. Se zapatea con las rodillas ligeramente flexionadas para golpear con fuerza, amortiguar el golpe y evitar lesiones. La espalda debe mantenerse recta y los pies se sitúan en línea con la cadera. Hay varios tipos de percusiones de pies: golpe, planta, tacón, punta… Es importante que suenen “limpios” y claros y eso sólo se consigue con mucha técnica, oído, fuerza y resistencia. Si se practica, se acaban adquiriendo dichas cualidades.
 Zapateado
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Cuerpo
La colocación hay que cuidarla desde el principio, si nos acostumbramos a una buena posición, llegará un momento en que nos salga sin pensarlo y será nuestra postura habitual, incluso cuando caminemos por la calle. El cuerpo debe colocarse muy recto, con gallardía, aunque también debe quebrarse y estirarse cuando el paso lo requiera. Estos movimientos tienen que ser armoniosos, naturales, no forzados; el bailaor tiene que sentirse identificado con la plástica del movimiento. La cabeza también es importante. Deberá mantenerse alta, acentuará el sentido de nuestros pasos y nuestro baile ganará en expresividad.
Corazón
Es lo más difícil y lo más importante. El baile flamenco hay que sentirlo y hacérselo sentir al que lo contempla. Hay que saber dar salida a los sentimientos y a la expresión de nuestra personalidad. Para ello, hay que entender la música y dejarse llevar por ella. El flamenco no es un arte con reglas fijas. Aquí estriba su mayor dificultad. Es importante dedicar tiempo a profundizar en los cantes y toques para percibir sus peculiaridades. Hay que conocer y dominar el compás, el lenguaje expresivo flamenco, la técnica, las estructuras de los bailes, los palos... Hay que saber además combinar toda clase de movimientos y pasos con naturalidad y ser capaz de improvisar.
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