 Víctor Monge "Serranito"
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La segunda noche del XV Festival de Caja Madrid fue todo un éxito. Teatro lleno, público entregado y el duende entrando y saliendo del escenario a cada rato. Los protagonistas: el guitarrista Víctor Monge "Serranito", que recibió el premio Calle de Alcalá, y el cantaor Miguel Poveda, que presentó su último disco, "Tierra de calma".
La velada comenzó con un acto sobrio pero cargado de emoción y justicia. La entrega del Galardón Flamenco Calle de Alcalá al guitarrista Víctor Monge "Serranito" de manos del flamencólogo y escritor Ángel Álvarez Caballero. Un merecido premio que el reputado compositor e intérprete madrileño rubricó con una memorable y flamenquísima actuación.
Álvarez Caballero definió al galardonado como un maestro "rabiosamente autodidacta" que "junto a Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar revolucionó la guitarra flamenca". Por su parte Serranito aseguró sentirse profeta en su tierra ya que "para un madrileño es más difícil ser reconocido en el flamenco que si fuera andaluz".
Con la emoción aún entre las manos y la primera ovación de la noche en el bolsillo, Serranito arrancó su recital con la taranta "Cazorla". Su intención era clara, tocar flamenco y sólo flamenco. Soleá, granaínas dedicadas a Lorca y una soberbia farruca, titulada "Llora la farruca", que el guitarrista recuperó para la ocasión.
La primera parte del programa, un concierto de guitarra repleto de virtuosismo y musicalidad, se cerró con aires gaditanos con cajón, baile y palmas incluidos. La entrega de Víctor Monge sobre las tablas era tal que no pudo contenerse y se arrancó con unas coplillas por alegrías.
Su voz evidentemente no tiene la magia de sus manos, pero el momento fue toda una demostración de espontaneidad flamenca. El final, como no podía ser de otra forma, por bulerías.
Tras el correspondiente descanso para los cambios de escenario llegó el turno de Miguel Poveda y su magia. El cantaor catalán afincado en Sevilla presentó su último disco "Tierra de calma", escoltado por la guitarra de su otro responsable, Juan Carlos Romero.  Miguel Poveda
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Con la genial y vibrante interpretación de buena parte de los temas de su último trabajo, más alguna que otra perla, Poveda volvió a demostrar que hoy por hoy es el cantaor más en forma del momento.
Con la farruca "Tierra de calma" sobrecogió estómagos, con la comprometida soleá "Náufragos de colores" estremeció conciencias, con los tangos "Buenas intenciones" hizo bailar corazones y con la bulería "Alfileres de colores" llegó la apoteosis.
Este último fue sin duda el momento cumbre de la noche. Con la inestimable ayuda de Diego Carrasco, el cantaor catalán arrancó cerradas ovaciones y sonoros olés que dejaron patente que el flamenco cuando es bueno levanta teatros enteros.
Miguel Poveda está llamado a ser un grande, si es que aún no lo es. Su buen gusto, su sensibilidad, su hondo conocimiento del cante clásico y su forma de entender la música cargada de actualidad, le sitúan en un lugar privilegiado.
Si a ello le sumamos unas colaboraciones de lujo como las del pianista Diego Amador, el baile de Rocío Molina y la personalidad de Diego Carrasco, el resultado es un sabroso y emocionante cóctel flamenco. Si además le añadimos un dominio del escenario pocas veces visto en los cantaores flamencos y una gran conexión con el público, la noche se hace histórica e inolvidable.
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