 José María Velázquez Gaztelu y Miguel Poveda en el Olivar de Castillejo Paco Manzano |
El ciclo "La música de los espejos", una de las propuestas más interesantes de Suma Flamenca 2007, ha concluido con el encuentro de los versos de José María Velázquez Gaztelu y la voz de Miguel Poveda. Rodeado de olivos y acompañado a la guitarra por Juan Carlos Romero, el joven cantaor catalán volvió a dejar patente su estado de gracia con un bello recital plagado de buen cante, poemas y anécdotas flamencas.
Desafiando los pronósticos meteorológicos que anunciaban lluvia, el poeta y flamencólogo José María Velázquez Gaztelu (autor de las serie "Rito y Geografía del Cante" ) pudo finalmente ver reflejados sus versos en la voz cálida y jonda de Miguel Poveda. Un juego de espejos en el que cada anécdota y cada poema recitado por el escritor andaluz era inmediatamente convertido en un palo flamenco por el cantaor catalán.
Velázquez Gaztelu comenzó la noche asegurando que "el flamenco y la poesía siempre han caminado juntos". Para dar énfasis a sus palabras recordó algunas de sus experiencias junto a diversos artistas flamencos alrededor del mundo (Hamburgo, Damasco, Tokio) y evocó aquel histórico Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922 auspiciado por Lorca y Falla. Poveda le dio la réplica con un cante evocador de la ciudad de la Alhambra y su poeta asesinado.
La siguiente parada del discurso del escritor llevó a este a reconocer, parafraseando a Borges, que debe a la conjunción de un espejo y una música, el flamenco, el descubrimiento de su propio lenguaje. Así, Miguel Poveda innovó y cantó por soleá un poema del propio Velázquez Gaztelu, demostrando que efectivamente "el cante es un arte que nace y muere en el momento de surgir".
El dolor, la pena, el desgarro, la seguiriya, llegó con un recuerdo a Juan Habichuela. Los versos recitados del poema "Sólo de guitarra", dedicado al maestro de la guitarra granadina, fueron seguidos de los lamentos y quejíos de un conmovedor Poveda que por seguiriya dio la nota más jonda de la velada.
Picasso y sus "Señoritas de Avignon" irrumpieron en el Olivar de Castillejo al son de los tientos y los tangos de la "Suite de Avignon", unas letras escritas por Velázquez Gaztelu para ser cantadas. Algo que no dudó en hacer el joven cantaor catalán que, inspirado por el genio del pintor malagueño, aunó poesía, pintura y música en un cante para enmarcar.
El fin de fiesta, como no podía ser de otra forma, por bulerías de Jerez. Poveda, como ya demostró recientemente en el Teatro Español, cada día se siente más cercano al Barrio de Santiago. Tras el simpático recuerdo de la gracia flamenca de Tío Borrico y Tío Parrilla por parte de Velásquez Gaztelu, se marcó unas bulerías llenas de sabor y compás.
Para terminar, con el público en pie pidiendo "otra, otra, otra" y sin cambiar de palo, Miguel Poveda sacó sus "Alfileres de Colores" para apuntillar una noche en la que Velázquez Gaztelu desgranó anécdotas propias y ajenas y Poveda ofreció una nueva muestra de su buen gusto y saber hacer.
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